Desde el último artículo "un caso personal" he estado en un proceso de auto observación intenso. Me he "visto" en otras personas y me he horrorizado de mí misma. El ego siempre presente en todos los momentos tratando de llevar razón o llevar la voz cantante, el enfado interior al no ser tomado en cuenta o ser rechazado un argumento o punto de vista sobre algún tema con la subsiguiente separación de las personas que no están de acuerdo conmigo, la manera sutil de manipular para llevar los temas de conversación a mi terreno, la necesidad compulsiva de buscar información para querer saber más y dar lecciones a la primera de cambio.
Estos comportamientos los he visto en otras personas y los he visto en lo más profundo de mí. He identificado al ego que está actuando en lo más oculto y profundo de mí misma, hasta el extremo que es muy difícil verlo aún teniendo verdaderas ganas de crecer espiritualmente y para ello es condición sine qua non ir hacia dentro para poder verse.
He continuado pasando muchas horas en silencio respirando conscientemente y hace unos días se me revelaron más comportamientos inconscientes que explicaban muchos abandonos sufridos a lo largo de mi vida: la falta de atención y no estar ciento por ciento presente en las relaciones y en mi vida cotidiana genera comportamientos inconscientes que causan rechazo en los demás. He sentido verdadero pesar por esos momentos y mucha compasión por mí, por esa falta de atención e impulsividad que me hace ir como pollo sin cabeza por la vida. He sentido verdadera compasión por la humanidad porque así es como vamos todos generando mil conflictos sin ser conscientes, la mayoría de las veces, del daño que causamos a los demás y que nos causamos a nosotros mismos.
Gracias a que he podido verme he podido soltar resentimientos anclados en lo más profundo hacia personas que me causaron daño en el pasado pues he podido ver lo que yo hice para provocar esas reacciones y he podido perdonar y soltar el resentimiento, quedándome mucha paz interior.
He podido también perdonarme a mí misma pues la inconsciencia es muy grande y somos impulsados a hacer cosas que de ser plenamente consciente no haríamos jamás.
Como consecuencia de esta toma de consciencia me obligo a ser muy cuidadosa con mis palabras y mis comportamientos, a estar presente, sobre todo cuando estoy con personas. Tiendo a permanecer callada para evitar que el ego tome la palabra y a quedarme inmóvil para no huir de un malestar físico o emocional.
Me observo en el pasado y veo la enorme diferencia; físicamente antes era un bloque encerrada en una fuerte coraza muscular que me defendían de las agresiones externas. Esa coraza me impedía también conectar verdaderamente con mi entorno y eso me generaba vacío. Ese vacío ha sido el motor de búsqueda emprendida a los 12 años y que me ha llevado a estas comprensiones tan profundas a los 64 años.
Estoy muy contenta conmigo por haber tenido tanta tenacidad y fuerza de voluntad y no haber parado ni un solo momento de buscar dentro de mí para conocer quien soy realmente.
Se que la búsqueda no ha terminado. Seguiré y seguiré hasta que pueda perdonarme y amarme total y absolutamente sin buscar aprobación o amor fuera de mí.
Gracias, Padre Celestial, por tu AMOR.