Estoy en un momento de mi vida en el que no me atrae nada del mundo exterior. He perdido el gusto por salir de fiesta, de viajar, de reunirme con amigos y familiares. Todo me cansa y me aburre. Hago verdaderos esfuerzos para realizar las labores cotidianas o esporádicas en las que me he comprometido. Tengo todo el tiempo del mundo para hacer lo que yo quiera pero resulta que nada me hace ilusión.
Solo deseo sentir el AMOR de Dios en mi corazón pues a estas alturas de la vida ya tengo claro que el único AMOR verdadero que no falla es el de Jesucristo.
A lo largo de mi vida he sentido un vacío lacerante que helaba el alma y era el acicate para entregar amor a los demás con la esperanza que aliviara el dolor, y efectivamente, la entrega desmedida de tiempo, energía y recursos en ayudar y amar a los demás me aliviaba pero no eliminaba completamente el dolor que provocaba el vacío.
De pequeña amaba a mis padres con toda mi alma, después amé a mi hermano, primos, tíos, abuelos pero a mí no me llega y sentía el dolor agudo del vacío. Crecí y me volqué en amar a los amigos y a la pareja. Trabajé toda la vida como logopeda primero y terapeuta de adultos después entregando amor a raudales. Finalmente tuve un hijo al que amo con toda el alma y a pesar de tanto amor entregado yo sigo sintiendo el vacío.
Ahora se, después de tanto dolor por traiciones y abandonos, que el vacío viene por la falta de conexión con el AMOR de JESUCRISTO.
Mis experiencias de vida me han dado la certeza absoluta de que Dios me cuida siempre pues he salido sana y salva de situaciones muy duras de las que solo se podía salir gracias a la intervención divina, y así fue. Sin embargo, a pesar de esas experiencias no podía sentir el AMOR de Dios y el vacío ha sido una constante en mi vida.
Desde hace un tiempo, agotada de tanta entrega, decidí que ya no iba a ir a fuera a buscar para llenar ese vacío, que solo se podía llenar de AMOR absoluto hacía mí misma y me obligué a quedarme sola en mi casa aunque esto ha sido siempre lo más difícil para mí porque el vacío se agudiza y el dolor es insoportable.
Llevo ya dos años en este proceso y me veo muy diferente. El vacío sigue estando pero ya no siento el impulso de ir a buscar la compañía de nadie, es más, ya no quiero salir por salir, ni mantener relaciones de amistad que no me aporten.
Estoy decidida a entregar toda mi vida a Dios pues hasta ahora ha estado sosteniéndome, aunque yo no me enterase y hoy, en la misa de todos los santos en la catedral he llorado de emoción en el Sagrario porque empiezo a sentir el AMOR en mi corazón.
Llevo unos días sintiendo mucha compasión por mí misma pues me veo encerrada en una coraza muy dura que me impide sentir el amor de Dios y, por tanto de los demás. El llanto de hoy es porque la coraza se está resquebrajando y empiezan a entrar rayos de Luz divina.
He podido sentir mucha compasión por mi y por la humanidad y mucho agradecimiento a Jesucristo que está ahí siempre amándonos esperando pacientemente a que nos cansemos de sufrir y le pidamos ayuda.