domingo, 19 de abril de 2026

EL DOLOR DE MI ARBOL.

 Hoy voy a explicar una parte de mi historia personal para poder entender como funciona este juego que es el vivir en el planeta tierra.

Mis bisabuelos por línea materna se fueron a la ruina por un litigio judicial con unos vecinos por una linde de una finca. Siempre oí decir que nunca nos metiéramos en juicios porque los bisabuelos lo perdieron todo al vender las fincas y casas para pagar a los abogados. El juicio se quedó a medias porque se acabaron los recursos y solo pudieron salvar la casa que actualmente comparto con mi hermano.

Los bisabuelos tuvieron 6 hijas y un varón. Mamá los Ángeles, que así nos dijeron que la llamaban los nietos, era una mujer que sabía hacer de todo: cosía desde trajes de boda a zapatos, gorros o guantes. Bordaba ajuares para la virgen,  o mozas casaderas. Hacía medicinas o todo tipo de embutidos y dulces. En definitiva era una mujer sabia y era reconocida por todo el pueblo que la buscaban para solucionar problemas de todo tipo.

Después de perderlo todo, menos la casa en el centro del pueblo donde vivían, todo el mundo hizo leña del árbol caído y hasta estudiantinas les sacaron ( canciones que se cantaban en carnaval).

Murió de un infarto cuando vió como los ajuares que había hecho para la iglesia eran profanados junto con otros objetos sagrados por un grupo de republicanos al colocar al sacerdote los aparejos de las mulas y hacerle tirar de un carro con sus bordados y demás objetos sagrados. Ella murió al día siguiente de ese paseo por las calles del pueblo.

Salvo la hija menor que había nacido cuando los otros eran grandes todos los demás tuvieron vidas desgraciadas por muertes de hijos o enfermedades.

Mi abuela perdió 3 hijos cuando eran pequeños y una hija a los 15 años. Mi madre tenía 12 años cuando murió su hermana mayor y mi abuela entró en depresión profunda. Tuvo que hacer de madre de sus dos hermanos pequeños pues mi abuela no podía hacerlo al enfermar. Mi tía tenía 8 años y el objetivo que le mantenía en vida era hacer que su madre fuera feliz y cuando creció fue ocuparse de llevarla al medico y darle las medicinas. 

El pánico de mi tía era que alguna de sus hijas murieran al llegar a los 15 años y que mi abuelo tuviera que vivir de nuevo ese dolor tan grande. Mi abuela murió a los cuatro mese de haber nacido yo con la alegría de saber que su hija mayor tendría quien la cuidase cuando fuera mayor, pues en aquella época no había seguridad social ni pagas de vejez. Mi tía tuvo una hija a los 10 meses de haber muerto la abuela y al ponerla de pie para que empezara a caminar se dió cuenta que tenía problemas en la cadera y empezó un peregrinaje de médicos y hospitales que acabaron cuando le dieron el alta definitiva al cumplir 18 años. Había acabado el peregrinaje con su madre y lo reiniciaba con la hija. Pasó el tiempo y mi tía después tuvo dos hijos más. A los 15 años  la hija que seguía fue diagnosticada de un tumor en el cuello y mi tía vió como su mayor pesadilla se hacía realidad.

Es decir, mi tía grabó desde bien pequeña que su misión en la vida era llevar a médicos  y cuidar de la salud de su madre y después de una hija y más tarde de otra hija. Es curioso como toda su vida se dedicó a salvar a sus seres queridos. Es demasiada casualidad y yo se que no existen las casualidades. Mi tía estaba ejecutando el programa de salvadora de su madre, y lo siguió cuando ésta ya no estaba con su hija que nació al año de morir la madre y lo continuó con la menor al poco tiempo de darle el alta a la anterior.

Por mi parte, yo había oído toda la vida la ruina de los bisabuelos y la recomendación de que nunca tuviéramos juicios. 

Cuando estaba embarazada de mi hijo mi esposo decidió ser socio de una empresa de transporte aéreo y decidí apoyarle aunque yo no quería ser socia de dicha empresa que se fue a la ruina dejándonos con muchos créditos bancarios sin pagar. 

Me separé y viví sin poder tener ni una tarjeta de crédito pues estaba en el banco de datos de los deudores pero tenía mucho éxito en mi trabajo y podía pagar todos mis gastos. 

Me di cuenta que estaba viviendo la misma ruina de la bisabuela pero yo estaba tranquila, como si no fuera conmigo el desastre económico y hasta me hice cargo de una persona enferma mental en ese periodo de tiempo. No tenía miedo y confiaba que no me faltaría trabajo y así fue.

Más tarde decidí limpiar definitivamente el programa de escasez económica y compré un local para montar un consultorio  con un objetivo comercial. La verdad me fue muy bien porque enfrenté muchos desafíos y revisé todos los programas de pobreza. Hice constelaciones donde pude comprender la situación que tuvieron que vivir los bisabuelos y sus hijos, entre ellos mi abuela materna. Pude sentir una infinita compasión por todos ellos y pude perdonarles de corazón.

Hoy mi hijo, que tiene 31 años, tiene resuelto el tema económico gracias a la liberación que he hecho con los bisabuelos y abuela. Yo vivo al día con la tranquilidad absoluta de que Dios me provee todo lo necesario para vivir y hacer todo lo que me hace feliz sin pensar si tengo dinero o no.



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